domingo, 24 de diciembre de 2017

Por las dudas, te disparo.

Hoy en día existe una herramienta con un potencial tan increíblemente bueno, como tremendamente destructor, que son las redes sociales. ¿Cuántos hermosos mensajes se han difundido?, ¿cuántos pedidos de ayuda? Nosotros vivimos en el mundo de la comunicación. Cada vez hay más comunicación, pero con características diferentes. Lo virtual ha ganado terreno a pasos agigantados.
Al usar un instrumento tan poderoso como las redes, debemos tener en cuenta la responsabilidad que pueden conllevar nuestros actos. Se han denunciado tantas injusticias, se ha puesto en tela de juicio muchas acciones de personas que actuaron con malicia... ¡Y qué bueno!
Sin lugar a dudas, el uso responsable de las redes sociales puede traer un resultado increíble, pero el ser humano en general, no se caracteriza por ese valor, nosotros normalmente no somos personas responsables.
Cada día tenemos más acceso a la información, por lo que somos personas más informadas, y a su vez más desinformadas. Ya que la calidad de ésta es cada vez más baja, y muchas veces funciona bajo las reglas del "teléfono descompuesto". Existe un botón, por el cuál podemos mandar a alguien al más profundo infierno, que se llama COMPARTIR. Personalmente estoy a favor de utilizarlo para comunicar que estoy a favor de algo, en contra de otra cosa, o que me gustó un elemento y quiero que mis "amigos" o "seguidores" lo vean. Pero ¿cuál es la valoración que hacemos al momento de compartir algo?, o mejor dicho, ¿pensamos en la veracidad de lo que estamos compartiendo?, ¿o nos dejamos llevar por el sentimiento de algo que nos parece injusto? 
¿Cuántas veces nos llega el aviso de que compartimos algo, y de que era falso? Somos capaces de arruinarle la vida a una persona, por sentirnos indignados con algo que no sabemos si es verdad, pero que lo compartimos porque nos despierta bronca, debido a la sensación de que podemos hacer justicia por mano propia.
Si en el día de mañana, el individuo A se pelea con la persona B, y quiere hacerle la vida imposible, lo puede hacer con relativa facilidad, ya que muchos estamos dispuestos a ser los cómplices. Si veo una foto de una persona, que la acusan de haber hecho determinada acción reprobable, y yo comparto esa imagen con tal descripción, estoy siento parte del hostigamiento que él recibirá. Quizás considere que se merece el hostigamiento, ese sería otro tema, pero... ¿y si realmente no lo hizo?
¿No nos importan los daños colaterales?, cada vez hay más denuncias falsas en las redes, y nosotros las publicamos en nuestros "muros", sin siquiera averiguar un poco más acerca de si es algo que puede ser real o no.
Hace unos días leí en Facebook a una empleada que había sido despedida de un supermercado, y que decía que dicho establecimiento apagaban las heladeras de noche, entre otras cosas. Había gente tremendamente indignada por lo que ella decía, tomando con total certeza las palabras de la muchacha, como verdades absolutas. Puede que sea verdad, pero es mi responsabilidad ser responsable. Y sí, la frase queda bastante fea, pero poco importa que pierda en clase, si lo gana en claridad.
Tengamos cuidado, que en la realidad actual, le disparamos munición gruesa a muchas personas, que ni siquiera sabemos si hicieron algo, pero por leerlo en Facebook y al generarnos indignación, sentimos la necesidad de poner de nosotros mismos para que se haga justicia. Pero no nos detenemos a pensar si realmente lo que hacemos, es lastimar a alguien, que luego será un "simple daño colateral".

Evolucionemos, utilicemos la mentalidad crítica. Antes de replicar una información intentemos ver de dónde salió, quién lo dijo, y qué tan verdad puede llegar a ser lo que hace referencia. No disparemos, para luego ver si hicimos bien o no.